Me ESTRESA mal…

Hace unos años entendí que había cosas que transitaba en piloto automático. Pasaba por la vida haciendo el ✔️ mental de un montón de hitos sin “vivir” los procesos.


Pensaba en estos términos:

✔️ Terminar la facultad en el menor tiempo posible.

✔️ Trabajar mil horas y en horarios ridiculos “ahora que puedo”… total, no tengo hijos ni mayores responsabilidades.


Lo insólito es que lograba concretar esas metas pero nunca sentía que estaba presente al 100%. Para peor en el proceso se perjudicaban mis vínculos y mi salud.


Cuando fui madre por primera vez seguí sin darme cuenta de lo fuerte que se habían instaurado algunas de estas cuestiones en mi psiquis.


Había dejado (o estaba en proceso de dejar) mi vida en el mundo corporativo para embarcarme en un mundo mucho más complicado: el emprendedurismo.


Entonces intenté convencerme de cuestiones como...

“Estoy construyendo mi marca” por lo tanto:

~ es lógico que me lleve todo el día,

~ este es mi trabajo, y por más que sea la que toma las decisiones, el horario de trabajo está definido.

~ los fines de semana con mil eventos y ferias y temas de diseño son una etapa, los necesito, después ya veré.

~ y mil creencias más.


Al final era la peor jefa que alguna vez haya tenido...


Realmente necesité una pandemia (por más cliché que suene hoy día) para parar y ver mi vida desde otro plano.


Recuerdo la tarde que cerramos el local con Cami, con quien compartía mil charlas a diario, y nos despedimos desde lejitos 🥹 “por las dudas” (que paranoia por favor…).


La angustia y la incertidumbre me invadieron. Creo que ese mismo día, decidimos con Guemo irnos al Este y “ganarle al encierro” para que los nenes tengan más espacio. Un privilegio, lo sé.


Ahí mismo, una tarde con Fonchi dormido a upa, empecé a sollozar como una loca. No podía parar. Guemo me miraba con cara de sorpresa y susto a la vez. Ni yo entendía que me pasaba bien pero al instante hice el click: esa era la vida que necesitaba.


Estar con mis hijos, más presente, con más energía, más atenta a sus tiempos. Su niñez se pasaba frente a mis ojos mientras yo me preocupaba por el local, por correr de punta a punta de la ciudad visitando talleres y las mil vueltas que una se obliga a abarcar porque “nadie lo sabe hacer mejor que yo” o “es mi proyecto, tengo que estar para tomar las decisiones”.


Hablo un poco de este proceso en “Una historia de ensayo y error: mi nueva normalidad”.

El primer miércoles de Noviembre se celebra el día de la concienciación del estrés o #stressawarenessday. Para mi en lo personal, es un lindo recordatorio de porqué vale la pena parar y replantearse aquello que “haga ruido”.


Me encantaría compartirles mil técnicas que intento llevar a delante para ser más efectiva en este proceso pero todavía no me “salen” con tanta naturalidad sinceramente.


Se necesita además una red de contención para implementar algunos cambios. Agradezco activamente cada día por esa red.


Tal vez simplemente se trate de tomar 5 minutos para respirar y responder algunas preguntas:

~ ¿soy fiel a la versión de persona que quiero ser?

~ ¿siento ansiedad al despertarme?

~ ¿estoy conectada, al menos un rato cada día, con la naturaleza?

~ ¿escucho mi mente y me gusta lo que me comunica?


Dejar de enorgullecernos del “estoy a full” y pasar a poner más foco, estar más atentas.


Esta es simplemente una reflexión personal que quería compartir pero me encantaría leerte: ¿qué te ayuda a encontrar el foco y bajar la ansiedad?

 

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